GARRAPATAS
Lo que debes saber antes de pisar el bosque (o al menos, antes de volver a casa lleno de picaduras)
De un tiempo a esta parte, no sé qué está pasando, pero cada verano nos volvemos a casa con souvenirs vivos. Garrapatas. Hasta hace poco, ni las veía. Y eso que me paso el día restregándonos por el monte. Hace un par de veranos en una sola mañana nos llevamos cinco. Mi hija dos garrapatas. Yo, CINCO. Una de ellas me la tuve que sacar con espejo porque mi flexibilidad no da para más.
En el centro de salud nos dijeron que últimamente estaban viendo un buen repunte de casos. Y claro, aunque parezca una tontería, las garrapatas no son un simple “bicho feo”: después de los mosquitos, son el segundo vector de transmisión de enfermedades más importante del mundo. Algunas pueden contagiar cositas tan simpáticas como la enfermedad de Lyme, fiebre botonosa o anaplasmosis. Pero lo más peligroso es que pueden estar varios días enganchadas sin que te enteres de nada.
¿Y qué podemos hacer para no acabar como buffet libre?
Si haces actividades al aire libre, si te vas de campamento, si sales con tu grupo de peques, si vives entre helechos, vacas, ciervos o simplemente te mola el campo… esto te interesa. Aquí van los básicos de prevención:
- Vístete como si fueras a cazar ratas ninja: ropa larga, colores claros, calcetines por encima del pantalón y camiseta bien metida. Que no quede hueco libre.
- Revisión corporal nivel CSI al volver a casa: zonas calientes, húmedas, oscuras y olvidadas de nuestra anatomía (ombligo incluido). Por parejas siempre es más fácil.
- Revisar la ropa antes de meterla en casa. Si puedes, lávala con agua caliente o mejor métela en la secadora a 60ºC. Si no (para los que viajan en furgo), métela en una bolsa cerrada y al maletero a sudar un rato

Nuestra amiga merendándose la sangre de nuestro hijo
Vale, ¿y si ya la tengo encima?
Que no cunda el pánico. Primero, asegúrate de que es una garrapata y no una pepita de las galletas de avena. Ayúdate con una lupa si hace falta.
Opción A: Centro de salud cercano
Si puedes ir a que te la quiten allí, mejor. No solo la extraen sin dejar medio bicho dentro, sino que además aprendes el truco para la próxima vez.
Opción B: DIY – extracción casera (con conocimiento)
Primero, lo que NO hay que hacer:
- Echarle aceite, alcohol, vaselina, colonia…
- Quemarla con un mechero.
- Cortarla con un cuchillo de cocina.
Todo eso lo único que consigue es que la garrapata se agobie y regurgite (lo que viene siendo vomitarte dentro, nada agradable).

Una vez extraída (la cabeza y las patas salieron enteras)
Cómo extraerla bien:
- Usa pinzas ESPECÍFICAS, en forma de gancho. .
- Sujétala lo más cerca de la piel posible, por el cuello.
- Tira con suavidad pero firmeza hacia arriba, con un movimiento rotatorio.
- Desinfecta bien la zona.
- Si puedes, guárdala en un frasco para analizarla si aparecen síntomas después. (O hacer un sacrificio tutatiano, tú decides).
Y después… ¡vigilancia!
Durante las semanas posteriores, estate atento:
- Fiebre
- Dolor articular
- Fatiga
- Una roncha circular tipo “ojo de buey”
Si ves algo raro, al hospital sin dudar. Y si tienes la garrapata guardada, mejor.
¿Dejaste la cabeza dentro? No drama. Desinfecta la herida y trata la zona como si fuera una astilla rebelde. Tu cuerpo sabrá qué hacer.
En resumen:
La naturaleza es increíble, pero no todo son pajaritos y puestas de sol. También hay garrapatas. Y saber cómo prevenirlas y actuar es parte del juego.
Esto también es supervivencia, amigxs.
Una buena revisión post-monte puede evitarte sustos, enfermedades… ¡y garrapatas en sitios donde no da el sol!
¿Y tú? ¿Has tenido algún encontronazo garrapatil?
Cuéntamelo en los comentarios o mándame tu anécdota: cuantas más historias reales, más aprendemos todxs.













